Luis Enrique Vázquez nos habla de su “Viaje terrestre”

13101461_10209035844117097_269033373_nPALABRAS DEL POETA LUIS ENRIQUE VÁZQUEZ VÉLEZ EN LAS PRESENTACIONES DE SU MÁS RECIENTE LIBRO: “VIAJE TERRESTRE”
(ISLADENTRO EDITORES, 2016)

Deseo comenzar estas palabras contándoles una anécdota. Recientemente, uno de mis estudiantes del curso de Bellas Artes (con énfasis en Literatura y escritura creativa) del Instituto de San Germán, al enterarse del parto -con cierta mezcla de dolor y de placer- que significó la publicación de mi más reciente libro, “Viaje terrestre”, me preguntó a boca de jarro: «Místel, ¿qué clase de escritor y poeta es usted?» Raudo y veloz, como quien sí quiere la cosa, le respondí: «Yo soy un poeta moderno, un escritor de la modernidad, en el más amplio sentido de la palabra».

El chico, tofetón como el que más, con al menos nueve espinillas en su rostro, y de sonrisa pachosa, se me quedó mirando con esta única cara de circunstancia que valía un millón de pesos. Antes de sacarlo de la duda y de no afectar de forma permanente su estabilidad mental y emocional a expensas de mi viaje terrestre, recordé las palabras del inmenso mexicano, Octavio Paz. Y cito: «En mi peregrinación en busca de la modernidad, me perdí y me encontré muchas veces. Volví a mi origen y descubrí que la modernidad no está afuera sino dentro de nosotros». Cierro la cita del autor de “Piedra del sol”.

De eso, precisamente, es de lo que se trata este poemario que aquí se presenta: de volver a mi origen, a esa fuente primal repleta de poblamientos y migraciones. De regresar a casa.

13059294_10209035847477181_514480656_nSoy de los que piensa, al igual que mi dilecto amigo y colega de letras, el dominicano Valentín Amaro, autor de las palabras de la contraportada de “Viaje terrestre”, que la poesía santifica todos nuestros momentos. Y es que, a mi juicio la poesía no solo libera, la poesía sana y salva. Donde quiera que me presento procuro plantear lo siguiente: la poesía que no festeje la naturaleza humana, con sus luces y sus sombras, no es poesía.

Confieso que este viaje -acaso trance- que llamamos vida, en ocasiones significó para mí entender y padecer -en carne propia- lo que el poeta místico San Juan de la Cruz llamó «la noche oscura del alma». ¿Acaso la oscuridad es la luz que no somos capaces de ver en nuestra travesía?

El portugués Saramago, nos regala esta joya, y cito: «El viaje no termina jamás. Solo los viajeros terminan. Y también ellos pueden subsistir en memoria, en recuerdo, en poesía, en narración. El objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje». Repito: El objetivo de un viaje es solo el inicio de otro viaje.

Lo anterior lo tuve muy presente a la hora de escribir y reescribir los textos que conforman este hijo literario. Ciertamente, a los poetas nos va la vida subsistir en memoria y en palabra. Otra confesión: el proceso de escritura y conceptualización de “Viaje terrestre” me hizo cuestionar si era capaz de conectar los hilos entre tantos y tantos viajes, que, en realidad, es solo uno.

Me urge aclarar que en este poemari13089935_10209035899958493_842924726_no oscilo entre lo concreto y lo abstracto. Persigo, por así decirlo, hablar de las contradicciones del hecho de estar vivos en nuestro transitar por este planeta-escuela.

En estos cincuenta y cuatro poemas, divididos en cuatro secciones temáticas (Jornada del peregrino, Desde las entrañas del fuego, Periplo al Eros y De vuelta a casa), que se cantan, se cuentan y se encuentran, donde ni el miedo ni el amor se esconden debajo de la alfombra, pretendo, mediante símbolos e imágenes, desafiar al lector. Aún más: recordarle y exigirle lo mejor de su humanidad e inteligencia, mientras codifico lo profundo de la conciencia individual y colectiva en esta travesía sin par que llamamos vida.

Soy de los escritores que sostiene que no hay razón para desaparecer en los textos, de acallar el yo de manera absoluta, digo, como si eso pudiera ser posible.
Al decir de mi querida amiga y colega de letras, Mairym Cruz Bernal, autora de las palabras de la solapa de este proyecto literario, cito: «Viaje terrestre’ es esa evidencia de haber estado y pasado por el acto de vivir a veces hasta con llagas en las rodillas. Porque el ejercicio de vivir se hace viviendo». Yo conozco esas llagas, las mismas que me recuerdan que aún tengo rodillas.

13090151_10209035924599109_1803679836_nDe más está decir que en estos tiempos de crisis que nos ha tocado enfrentar, es imperativo disfrutar cada día del privilegio de estar vivos. Esto, desde luego, con otra mirada, desde otro lugar. Ahí radica la importancia del poeta en las sociedades modernas, pues es ese que busca arrancarle la piel a la realidad para ver lo que hay abajo y cambiar lo que hay arriba.

Ojalá que este libro provoque en el lector de la modernidad el deseo de vivirse a plenitud en un viaje que no termina jamás, que es apenas el inicio de otro viaje. Si el lector vive el viaje exterior del mundo que apalabro en versos, y en el viaje interior de quien lo cuenta, me habré salido con la mía.

Perderse y encontrarse, encontrarse y perderse es más que una aventura luminosa, es una bendición sin par para prolongar lo vivido.

Muchas gracias por acompañarme esta noche tan especial para mí, y apoyar el proyecto literario de un autor puertorriqueño moderno.

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Fotos tomadas por: Luis Rodríguez-Cruz

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