Una taza de café con Serena: Las divinidades nunca mueren

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Ilustración tomada de la web.

Una taza de café con Serena: Las divinidades nunca mueren
Por: Lala Garcީía

“Qué injusta, qué maldita, qué cabrona
la muerte que no nos mata a nosotros
sino a los que amamos.”
-Carlos Fuentes, México

Aquí algo contrariada, por no decir el adjetivo que me atraganta en verdad. “Se nos mueren los buenos” me dijo alguna vez alguien y yo le contesté lo que mi abuela me decía: “Las divinidades nunca mueren, trascienden.” Días más tarde, esa misma abuela partía a su eternidad.Entonces me decía yo en ese momento: “Se nos siguen muriendo los buenos”. En ese momento, no había alguien a mi lado que me recordara las palabras de mi negra bella. Pero estaban ahí, grabadas en mi ADN, aunque el dolor no me dejara escucharlas.

Cuando murió mi madre no pasé por el necesario proceso de dolor, o por lo menos no rápidamente. Mi familia, preocupada porque me fuera a ir en una de esas depresiones en las que solía “escaparme”, me mantuvieron medicada. Fueron meses en los que sabía que tenía que llorar, gritar, maldecir, mas la medicación me mantenía “contenida”. Luego, me ofusqué como metódo de escapatoria al dolor, al luto, en mi trabajo. Trabajaba todo el tiempo, vivía para trabajar, con la esperanza de no sentir su ausencia, el dolor se su ausencia. Mas no me resultó por mucho tiempo. En un abrir y cerrar de ojos, caí en uno de los huecos mٔás profundos que he besado. Fue entonces que me dí permiso a llorarla, reclamarle, enojarme con el mundo entero… pasé mi luto y comencé a abrazar la muerte como una realidad viva.

11781727_10155893699210436_2240655234802562817_nDuele es cierto. Quien diga que la muerte de alguien querido no mueve los cimientos una de dos: o está medicado como yo estuve o, está mintiendo. Las pérdidas duelen y punto. Pero cuando estamos conscientes que esto es solamente parte de estar vivos, que la muerte es parte de nuestro viaje por esta vida, podemos aceptarla con algo de paz. Decía el Benedetti: “Después de todo/ la muerte es sólo un síntoma/ de que hubo vida”. Mejor dicho, lo dudo.

Es parte de nuestra naturaleza humana recriminar la muerte, es parte de nosotros cuestionar lo inentendible, y no es un error. André Malraux decía: “La muerte solo cobra importancia en la medida en que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida.”. Es necesario que la cuestionemos, no con la idea de que nos conteste (aún cuando podría hacerlo), sino con una visión sanadora, holística y que nos lleve a tener paz en ese momento. La muerte es una transición por la cual todos vamos a pasar, es, como dice mi amiga Viento Serena en su libro En el espejo de mi cuerpo, “nuestra mejor amiga, quien siempre llega puntual a la cita”.

abuela

Aquí descansa mi abuela Juanita Angleraux Lavergne


En todas las creencias espirituales y religiosas, la muerte es un punto de convergencia aún en las divergencias. Para los yoruba, la vida es: llegar, tocar, tener y dejar. La muerte, para ellos, no significa sólo el fin de la vida humana. La vida terrestre, se prolonga hacia una vida más alla de la tumba. Y continuará en alguno de los nueve espacios del Orún (Cielo), el dominio de los seres sin Èmì (Vida). Asi la muerte no representa una extinción, sino el paso de una vida a otra. Desde el punto vista budista, la vida y la muerte son un todo único, en el cual la muerte es el comienzo de otro capítulo de la vida. La muerte es un espejo en el que se refleja todo el sentido de la vida. Los “wiccan”, creen en la reencarnación, no ven la muerte desde un punto de vista macabro, al contrario, es la puerta a otra vida, a otra oportunidad. Los ateos la ven como algo irremediable, proceso contrario al nacimiento y que todos pasaremos por este. Entonces los cristianos la ven como un sueño, del cual en algún momento se ha de desperar. No vengo a hablar de estas creencias, soy la menos capacitada para esto. No sólo por todas las vertientes que me hacen ser, sino porque tengo mi única y propia de manera de ver la muerte. Y aún cuando no pienso hablar de ellas, encuentro un punto de convergencia en todas: Es un proceso por el cual vamos a pasar, independientemente de nuestras creencias.

Hoy, me movió una vez más la muerte. La encaré nuevamente y me molesté mucho, como es mi costumbre de primera mano. Cuestioné el por qué se nos siguen yendo los buenos, dije tantas cosas… y me senté nuevamente a escribir sobre ella. No una manera “correcta” o “incorrecta” de enfrentarla. Como dije antes, siempre duele, pero ese dolor es parte del proceso holístico al encararnos con la Guadaña. Sin dolor, no hay sanidad. Irónco pero cierto.

"Los buenos no mueren. Los mueren descansan y mañana se levantan:"  Cairo Marte

“Los buenos no mueren. Los mueren descansan y mañana se levantan:”
Cairo Marte

Vuelvo entonces a las palabras de mi abuela: “Las divinidades no mueren, trascienden.” y yo le creo a ella. Entonces llega marido mío y me dice: “Los buenos no mueren. Los buenos descansan y mañana se levantan” y me devuelve la paz.

…y mientras ella llegue por mí, seguiré aquí, escribiendo, sintiendo, viviendo y tomando café.

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